El término “moderno” significa “actual”. El sentido de “moderno” como nuevo, actual, renovador, sigue vigente, aunque si bien la modernidad surgió de una oposición a la época clásica, ha conformado modelos perdurables, por esto hoy ya está incluida en lo clásico.
Como bien sabemos, el vertiginoso avance en la industria, la ciencia y la tecnología se ha constituido en el marco de profundas transformaciones socio-culturales que han caracterizado a las sociedades de finales del siglo XX. Hoy, por la mediación de las telecomunicaciones y de los medios masivos de comunicación, el ser humano tecnologizado interactúa en un contexto de interdependencia y globalidad. Esta tendencia, ha dado paso a la construcción de una nueva filosofía, la Posmodernidad, que define a la realidad como interpretación sustentada en lo diverso y lo plural.
Algunos términos a los que podemos asociarla son: deconstrucción, alternativas, perspectivas, indeterminación, descentralización, disolución y diferencia. Esta nueva actitud podría resumirse en una especie de descreimiento en el progreso global.
Esta postura ante los cambios impuestos por la alta tecnificación y por una sociedad cada vez más abierta y diversificada se hace indispensable observar en qué medida se ven alterados las tradiciones y los valores que dan perfil a las culturas. Lograr la convivencia de valores y principios humanitarios con las nuevas líneas de interacción planteadas por el posmodernismo.
Al momento de referirnos al campo artístico observamos que la Posmodernidad tiene como programa descomponer el pasado en fragmentos, sacarlos de su contexto original y su resignificarlos al colocarlos en otros contextos. Si pensamos que a diferencia del artista moderno que miraba al futuro y negaba al pasado, el artista posmoderno se fusiona con el pasado y ya no se cree en una continuidad progresiva. El arte es comprendido como una mezcla y recopilación de elementos y estilos anteriores, como un bricolaje, donde prima una libre creación.